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Los Miedos

 
 

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El miedo puede surgir a través de la educación, la cultura y el medio ambiente que nos rodea. Tiene distintos grados y puede ir desde la aprensión hasta el terror. Su función es protegernos de un peligro real. Se trata de una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. Es una herramienta de protección.

Nuestro cuerpo sufre cambios a nivel físico y hormonal al sentir miedo por encontrarnos en una situación de peligro. Los efectos son tension, malestar, incremento de la presión arterial, aumento de la frecuencia respiratoria, tensión muscular, nuestro corazón palpita con más fuerza, nos sudan las manos y producimos adrenalina.  Nuestro organismo se prepara para protegerse de lo que considera un ataque, sea real o no.

Si estuvieramos en una situación de peligro en la selva y nos atacara un león, estaríamos preparados para correr o saltar al árbol más próximo con una velocidad y fuerza desconocidas para nosotros en circunstancias normales. Y el miedo nos habría salvado la vida.

Lo que ocurre es que sometemos a nuestro organismo a esta misma presión y durante tiempo prolongado en situaciones que no necesitamos de estos recursos y el efecto que produce es de desgaste orgánico y una deficiente calidad de vida emocional.

Sentimos miedo al fracaso, al rechazo, a las pérdidas, mucho miedo a los cambios, a las represalias, al abandono, a la soledad, a la crítica, a la muerte, a determinadas personas. Tenemos incertidumbres sobre nuestras relaciones, nuestra vida futura.
Cuando tenemos un miedo irracional demasiado intenso a ciertos objetos, acontecimientos o determinadas situaciones, se trata de fobias. Como el miedo al agua, a las alturas, las tormentas, los animales, a la sangre, las inyecciones, las heridas, los lugares cerrados, conducir vehículos, viajar en avión, atravesar túneles, ascensores, escaleras mecánicas, etc.

Algunos trabajos sobre los miedos en los niños a la oscuridad o los animales, indican que estos miedos aparecen hacía los dos años, sin haber tenido una experiencia que los haya podido causar. Los miedos alcanzan el máximo entre los cuatro y cinco años de edad.

El miedo es una poderosa forma del pensamiento. Para trabajar el miedo es importante reconocer y aceptar que se tiene miedo y reconocer a qué. La mayoría de las veces nos cuesta mucho reconocer exactamente a qué le tememos.

Individualmente y a nivel consciente es difícil controlar el miedo, pues es el producto de nuestra propia invención y creemos en el patrón que nos hemos creado. Si somos los creadores de nuestros miedos, para nosotros existen, son reales aunque los demás no lo vean así.

Para eliminar nuestros miedos es necesario cambiar esos patrones negativos que hemos creado para adquirir la herramienta de sensación de control y disminuir nuestra vulnerabilidad. Nos sentiremos seguros controlando nuestros pensamientos que a su vez influyen en nuestras emociones y provocan los cambios físicos.

Cuando los miedos se vayan, despejarán el camino a la fuente del poder personal, la energía y la fuerza para disfrutar de una vida más feliz.

Mar Martín Vázquez

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